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¿Afectan los pensamientos
negativos la salud?
Piensa positivo, las emociones negativas provocan enfermedades...
Por Harry Pereyra Christiansen*
Todos los seres humanos tenemos la experiencia de lo que son los
pensamientos negativos, sobre
todo tenemos el registro consciente del estado emocional que nos
produce. Es importante recordar que nuestros pensamientos desencadenan
estados emocionales, por lo que el tipo de pensamientos que tengamos es
fundamental para activar determinados estados emocionales.
El
miedo, la tristeza, la ira y el asco son estados emocionales que, cuando
son intensos y habituales, afectan negativamente nuestra calidad de
vida. Por lógica, las emociones negativas son uno de los principales
factores de riesgo para desarrollar no sólo enfermedades físicas sino
también mentales.
Las
emociones son reacciones psicofisiológicas de las personas cuando
enfrentan situaciones que tienen importancia para su estabilidad
psicológica, por ejemplo: el peligro, la amenaza, el daño, la pérdida
afectiva, el éxito, etc. Estas son reacciones que producen cambios en la
experiencia afectiva, la actividad fisiológica del organismo y en la
actitud.
Psicológicamente emociones como la alegría, el miedo o la ira son
emociones básicas que se dan en todos los individuos de las más variadas
culturas. Son esencialmente agradables o desagradables y forman parte de
la manera en que se expresa nuestra actitud y conducta con los demás.
El
miedo, la ansiedad, la ira, la tristeza, la depresión, son reacciones
emocionales básicas que van acompañadas de una experiencia afectiva
desagradable o negativa, con una elevada activación de la fisiología del
organismo. De acuerdo a la frecuencia e intensidad, como al significado
que le otorguemos a la experiencia emocional pueden transformarse en
trastornos de salud tanto mental como físico (problemas
cardiovasculares, reumatológicos, inmunológicos, etc.).
Sin
embargo, la ansiedad excesiva o clínica actúa interfiriendo el
rendimiento en todos los ámbitos del ser humano y se convierte en
clínica en los siguientes casos:
-
Cuando el estímulo presentado es inofensivo y conlleva una compleja
respuesta de alerta.
-
Cuando la ansiedad persiste en el tiempo, superando lo meramente
adaptativo, y los niveles de alerta persisten.
-
Cuando los niveles de alerta y la ansiedad interrumpen el
rendimiento del individuo y las relaciones sociales.
Una
conducta “cargada” emocionalmente se realiza de forma más vigorosa, de
manera que la emoción tiene la función adaptativa de facilitar la
ejecución eficaz de la conducta necesaria en cada exigencia.
Por
ejemplo: la ira favorece que tengamos reacciones defensivas, la alegría
favorece la atracción interpersonal, la sorpresa la atención ante
estímulos novedosos, etc.
Otro
hecho bastante común es que la ansiedad está muy relacionada con la
depresión. Los síntomas de tensión propios de la ansiedad tienen un
impacto directo de interferir en la capacidad de disfrutar que la
persona experimentaba antes en las actividades agradables.
Dependiendo de la frecuencia en intensidad de estos sentimientos podrían
transformarse en una depresión clínica. Todo ello resulta coherente con
la idea bastante aceptada en la actualidad de que el estrés tiene un
importante papel en la génesis de la depresión.
Cuando la frecuencia, intensidad o duración de la ansiedad como
respuesta emocional es excesiva puede dar lugar a la aparición de
afectaciones a la calidad de vida. En estos casos hablamos de ansiedad
patológica o de un trastorno de ansiedad.
Es
una realidad contundente hoy en día en nuestra sociedad es habitual
decir que se tiene ansiedad o estoy ansioso. Lo que poco se sabe es que
la ansiedad como síntoma aparece relacionada con la mayoría de
trastornos afectivos, psicóticos.
En
cuanto a la ira, sabemos que es considerada una emoción negativa por la
mayoría de las personas. Así, en primer lugar, la ira puede verse como
negativa debido a las circunstancias que favorecen el surgimiento de la
emoción, ya que suele ser evocada por acontecimientos desagradables.
La
ira está ampliamente reconocida como problema de salud mental
significativo. A diferencia de lo que ocurre con la ansiedad y la
depresión, la ira persistente todavía no está reconocida como una
categoría diagnóstica en ninguna clasificación psiquiátrica oficial
(véase DSM-IV-TR, 2000 o CIE-10, 1992).
Además, la ira persistente tiene ramificaciones psicológicas,
conductuales e incluso médicas significativas, ya que causa sufrimiento
emocional significativo tanto en la persona que experimenta la emoción
como en las personas implicadas.
Finalmente, la ira a menudo es un componente de otros trastornos
emocionales, como los de ansiedad y los afectivos.
La
Salud física
En la
actualidad para la gran mayoría de personas es aceptado que existe una
relación entre los factores psicológicos y las enfermedades médicas.
Nuestros estados psicológicos o emocionales, las características
personales y los modos de enfrentar estas situaciones han demostrado ser
de especial relevancia en este sentido (Oblitas, 2004).
Esta
afirmación es coherente con la evidencia científica actual que indica
que cualquier trastorno denominado físico u orgánico suele implicar
igualmente, y a distintos niveles, alteraciones psicológicas, y
viceversa (Oblitas & Becoña, 2000). Entre estos factores psicológicos se
encuentran el miedo, la tristeza y la ira como reacciones emocionales
negativas, y sus diferentes formas clínicas: la ansiedad, la depresión y
la ira persistente.
Hoy
en día hay datos suficientes para afirmar que las emociones negativas
tienen un efecto negativo sobre la salud (Kiecolt-Glaser, 2009; Sandín,
2002; Sirois & Burg, 2003). Así, algunos autores afirman que las
emociones positivas potencian la salud, mientras que las emociones
negativas tienden a disminuirla (Fernández-Abascal & Palmero, 1999). Por
ejemplo, en periodos de estrés en los que tenemos que responder a una
serie de compromisos personales, laborales, afectivos, desarrollamos
reacciones emocionales negativas.
Tristeza, ira y depresión pueden conducir a la persona a desarrollar un
problema de salud como las adicciones. El estrés y los factores
emocionales están implicados en desarrollar enfermedades gástricas.
También existe una relación entre el estrés emocional y el incremento de
los procesos inflamatorios en el cuerpo (sobre todo músculo
esquelético).
Como
podrán apreciar el tema es amplio y con investigaciones que se están aún
realizando. Pero los seres humanos sabemos que somos seres
biopsicosociales y de ahí su intrínseca relación del cuerpo y la
psique.
Por
leerme muchas gracias, hasta la próxima entrega.
*Psicólogo
Harry Pereyra Christiansen
Terapeuta Familiar
Ponente en Temas Especializados en Adicciones
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