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Salud
mental: su
importancia
en la niñez y en el desarrollo humano
Mente
sana en cuerpo sano. ¿Qué estás dispuesto a hacer para lograr
este equilibrio?
Este artículo pretende explicar de qué manera
el miedo, la culpa, el stress, los celos y la depresión, se
convierten en mudos verdugos del crecimiento humano, y de esta
forma despertar la inquietud de los lectores por aprender a
reconocer la existencia de estas emociones y trascenderlas para
una vida más consciente y más libre.
El hacer ejercicio con devoción y mantener
una dieta equilibrada es muy importante, pero
no es suficiente para una vida más sana. Es necesario
revisar el tipo de relaciones y vínculos que mantenemos con
nuestros seres queridos; démosle mantenimiento a nuestras
emociones. Nuestro espíritu nos lo agradecerá.
En el marco del mes del niño, hablaremos
de la importancia de la niñez en el desarrollo humano. Seas o no
padre de familia, esta información te resultará muy útil para entender
este maravilloso proceso.
Uno de los aspectos más importantes del
desarrollo humano es la forma en que el niño aprende a
relacionarse con otros individuos. Influyen las emociones, el
ambiente y las habilidades que el niño va desarrollando en sus
primeros 2 ó 3 años de vida, en los que el niño depende
totalmente del contacto con sus padres.
Posteriormente comienzan a formarse otras
relaciones: con hermanos, compañeros de juegos y personas ajenas
al círculo familiar. Después, el mundo social se expande aún más
cuando el niño comienza a asistir a la escuela y establece un número
y diversidad cada vez mayor de relaciones sociales. Todas ellas
sobre la base del primer vínculo con los padres.
En la medida en que los padres satisfacen o
no las necesidades de afecto, el niño empezará a formarse
emocionalmente, lo cual determinará este vínculo primario y
todos los vínculos que forme el individuo en el futuro.
Imagínate a tu cerebro como si fuese una
computadora. Cuando naciste, el disco duro estaba prácticamente
virgen. Tus padres fueron los primeros “programadores” de este
disco. El “software” que le fueron cargando hasta los 6 años
de vida, es con el que actúas, sientes y te relacionas día con día.
Los
seres humanos sentimos el afecto o el no afecto desde que
estamos en el vientre materno. Registramos todas y cada una de las
emociones de la madre. A partir de ese momento y hasta los 6 años
de vida, definimos nuestro carácter de acuerdo con el
“software” que nuestros padres nos cargaron. Por ejemplo,
al no sentir afecto, se van generando ansiedades y fantasías que
de alguna manera se manifestarán en la persona, ya sea en su
conducta, en sus emociones o en su cuerpo.
Las personas que somos emocionalmente, en
gran medida, es consecuencia de lo que aprendimos durante esos
primeros 6 años.
Hablemos ahora de ese invisible lastre que
vamos cargando día a con día. Me refiero al costal lleno de
expectativas. Conforme va creciendo el niño, los padres le van
atribuyendo expectativas, por ejemplo: “Cuando seas grande serás
médico, te casarás con una mujer rubia y tus hijos serán
hermosos...”
El niño aprende poco a poco a responder a
las expectativas de los padres, empezando por actuar cosas muy
sencillas como aplaudir o cantar frente a sus familiares, comerse
todo lo que mamá le da, avisar a muy temprana edad cuando siente
el impuso de orinar o defecar, etc.
El niño aprende que la forma en que puede satisfacer su
necesidad de afecto es haciendo lo que los demás esperan de él.
El niño siente la amenaza de perder el
afecto de los padres si no hace lo que le dicen. Entonces aprende
a renunciar a sí mismo haciendo todo lo posible por cumplir con
las expectativas de los padres.
De esta manera establecerá sus vínculos
durante toda la vida, renunciando a ser él mismo para evitar que
le retiren el afecto sus padres, amigos y pareja. No obstante, por
ejemplo, en el caso de la pareja, este intento por retenerla de
manera artificial será en vano porque llegará el día en que
esta máscara se rompa, dando lugar a una crisis en él mismo y en
su relación.
Otra forma de herir al niño es dándole
absolutamente todo lo que quiere. Por ejemplo frases como: “No
le des sólo un dulce, dale toda la bolsa...”,
“Si no quieres ir a la escuela no te llevaré”.
Todos los extremos tienen consecuencias
negativas. Darle a un niño todo lo que desea provocará una
distorsión de su criterio de realidad. El individuo que fue
educado sin límites
tendrá problemas con su libertad, ya que aprendió que no hay
necesidad de hacer ningún esfuerzo por conseguir lo que quiere.
Debe haber cierto grado de frustración en
el niño, para que conozca que la vida tiene su complicación, de
esta manera, tendrá los pies en la tierra y en su momento estará
preparado para valerse por sí mismo.
Poner límites al niño, le dará armas
potentes para evitar caer en la promiscuidad y los
vicios en su edad adulta. Sabrá ponerse límites a sí mismo con
autorespeto y amor.
De
hecho, el fondo de las adicciones es la inconsistencia que los
padres le dieron al individuo en su infancia. Me refiero a la
inconsistencia para ponerle límites. Por ejemplo, la madre que
prohibe a su hijo de 5 años ver la televisión después de cierta
hora del día y que a la semana siguiente lo sienta frente al
televisor a la misma hora, le está dando el mensaje al niño de
que siempre se saldrá con la suya.
La misión de los padres al formar
emocionalmente a sus hijos es ponerles límites, frustrarlos
amorosamente. Esto último no suena muy popular, sin embargo, no
puede ser de otra manera.
Lo único útil para el desarrollo del niño
es que sus padres se sacudan el egoísmo y la culpa; respetarlo,
permanecer en su centro emocional,
apoyarlo y ponerle límites para que sea libre y responsable de
sus decisiones.
Contactemos con nuestros corazones y
reflexionemos sobre el tipo de relación que tenemos con todos los
niños que están a nuestro alrededor. El ejemplo de una vida sana
es el mejor discurso que les podemos dar.
La frase del mes:
“Si
no hay frustración, no hay movimiento”
Gabriel
Valenzuela Vázquez
Citas y comentarios en: rostro_original@hotmail.com
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